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No saber orientarse en una ciudad no significa mucho. Pero perderse en ella como en un bosque es algo que hay que aprender. Los nombres de las calles deben sonar al extraviado como el crujido de las ramas secas, de la misma forma que las callejas del centro deben marcar las horas del día con tanta limpieza como un claro en el monte. Aprendí muy tarde este arte….
Walter Benjamin, «Tiergarten» en Infancia en Berlín hacia el mil novecientos (1938)





